viernes, 27 de abril de 2012

El dinosaurio

Pensando en el texto, podemos encontrar las siguientes explicaciones al fenómeno: 1. Ocurre en la actualidad, "X" es un ser vivo (tampoco sabemos si pertenece al género humano) que se desmaya ante la presencia de un dinosaurio (extinguido) que continúa allí al despertar. 2. Ocurre en la prehistoria, "X" se desmaya, asustado ante el peligro que corre su vida frente al monstruo que continúa allí al despertar. 3. "X" ama al dinosaurio y tranquilamente se duerme. Al despertar el animal continúa allí. 4. "X" es un ser vivo que soñaba con un dinosaurio que estaba cerca suyo y al despertar, éste continuaba allí, como en el sueño. Las cuatro explicaciones pueden ser verdaderas e incluso, no se descarta la existencia de infinitas otras hipótesis y esto está dado por el juego de la ambigüedad y de lo poco claro. La presencia de un ente prehistórico y extinguido o supuestamente extinguido; la presencia del sueño, de la perdida de lo conciente, hacen que El dinosaurio se entregue a múltiples interpretaciones que lo enriquecen más allá de las simples siete palabras que lo estructuran, porque o puede ser una mera fantasía o un cuento realista o una historia de terror o un hecho cargado de ternura, o cualquiera otra explicación más inteligente.

Monterroso nos indica que no es necesario el relato en toda su extensión, sino que con la frase justa, con los términos indicados, escogidos con pinzas, se puede hacer más con menos. El dinosaurio es una historia enorme cuyo cuerpo se encuentra en la imaginería del lector, que se ancla o se inicia o finaliza en aquellas siete palabras.  Tal vez simplemente nos quería decir que alguien despertó en cierto lugar, y un dinosaurio, sin saber cómo ni porqué, estaba allí. Nada más ni nada menos.